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2010.07.13

Si existe una palabra para definir la última edición del VII Triatló del Pont de Suert es: infierno. La dureza del circuito más el calor asfixiante que hizo sobre las 11 de la mañana del domingo, melló las fuerzas de más de uno. Un total de 15 retirados de entre los cuales, por suerte y satisfacción, no me encuentro.

Tras dos semanas y media de cero entrenamiento (un par de salidas en bici al Forat del Vent no cuentan), me planté en la localidad de la Alta Ribagoça para tomar parte en este mítico y épico  triatlón de distancia olímpica. Como ya anuncié fui un kamikaze. No sabía lo que iba a ocurrir, pero tenía la determinación necesaria para acabar la prueba.

Fortaleza mental versus fortaleza física

Salía en la segunda tanda de triatletas, hacía ya mucho calor. Eran las 10 de la mañana. A la orilla del embalse de Escales me enfundaba el neopreno y realizaba algunas series para calentar. El agua estaba a temperatura ideal con el neopreno puesto (20-22  grados), aunque vi a un par de personas sin él.

Dan el bocinazo y salgo tranquilo, controlando, no estoy preparado para ese esfuerzo, me falta entreno pero iremos haciendo. Si regulamos, conseguiremos llegar a meta. Mi sorpresa es cuando me coloco el segundo antes de llegar a la primera boya, la gente iba realmente lenta. ¡No me lo podía crear! Empieza a hacer mella la falta de entreno, por mi cabeza pasan pensamientos de abandono en el tramo de bicicleta mientras nado. Pero, rápidamente, los freno con mucha positividad. Salgo en la primera vuelta el 3º, según ven mis ojos, y me indican que vamos a 1 minuto de cabeza (había un par de escapados/as). Me tiro al agua otra vez, pero siento más cansancio, derrota, técnica penosa. ¡No me alcanza la gente! Sigo alucinando. Tiempo de natación: 00:23:18.

Entro en la T1, la gente anima. Escucho a una mujer que me dice:”Força jove!”. Me ayudan a meter el neopreno en la bolsa de transición, cojo la bici (esta vez me aclaro más, que en Sitges y soy un poco más rápido). Subo la cuesta hasta la nacional N-230, sé que me faltan kilómetros de entrenamiento de ciclismo, así que soy prudente. Un par de ciclistas me alcanzan e incitan a hacer grupo pero hago que no con la cabeza, no estoy en forma para seguirles. Entro en el circuito de ciclismo a tráfico cerrado. ¡Empieza la marcha! Veo a mi padre, me anima, voy de los primeros. El tramo de ida tiene tendencia ascendente, así que soy precavido. Me van pasando ciclistas muy rápidos. Las bajadas rápidas y cerradas alertan que extrememos precauciones para no chocar con la gente que sube. En la última vuelta me junto con un grupo de dos y vamos haciendo turnos. Veo a mi padre, que me vuelve a animar diciéndome que el tramo de ciclismo ya está, lo saludo diciéndole que voy bien.

Entro en la T2, en el campo de fútbol de Pont de Suert, acompañado por 4 triatletas más. Entramos en boxes y nos colocamos las zapatillas. El calor aprieta mucho. Nos dan un gel de recuperación. ¡Me vino de perlas!.  Voy trotando. Los dos primeros kilómetros se hacen eternos, el sol pega de cara y no hay sombra que nos cobije. Entramos en un tramo arbolado y empieza lo temido. Una subida pronunciada donde veo a 5 personas subiendo andando. Pronto me veo yo también. Una vez arriba el terreno hace tobogán, sube y bajas continuados. Se me abren los ojos como dos soles cuando veo el avituallamiento del kilómetro 5. Sólo quedan 5 más y de vuelta. Todo lo que era bajada ahora es subida, sufrimos un poco más, me cruzo con triatletas con caras como muertos vivientes pero todo el mundo saluda. Nos animamos mutuamente. Llego a meta. Estoy bastante deshidratado. Un objetivo más conseguido. Aunque no al ritmo que hubiese deseado preparando la prueba, pero muy contento en general.

Espero volver otro año para tomarme la rebancha. :)

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