Ya no sabe el aire a mar ni moja mis pies el agua marinera. Ya no ando por la cálida arena dorada ni alcanzo a ver ahí donde la tierra pinta su inmensidad. Donde se perdía la mirada en la profundidad del azul del mediterráneo que se postraba ante mi.
Se acabó el correr descalzo, como un niño, por la larga costa mientras el sol doraba mi piel. El pedalear las duras colinas de alto desnivel arropadas por la viña. Ahora todo huele a humo, a asfalto, hay ruido por todas partes. ”Mucho, mucho ruido”.
Es la hora de la vuelta a la rutina. O a la lucha contra esa rutina impuesta. Seamos radicales y disfrutemos cada momento, cada brazada, cada pedaleo y cada paso, más allá de ser simple deporte, como reivindicación contra una sociedad cada vez más sedentaria. Volvamos a los orígenes.
Vuelta de vacaciones de un lugar cercano. Sensaciones nuevas en sitios viejos.
Disfrutad de vuestra vuelta también, de una vuelta más cerca a vosotros mismos.
¡Salud!